La nueva apuesta de Toyota e Isuzu promete un repostaje rápido y un 20% más de eficiencia para sustituir el diésel en el transporte urbano
Isuzu y Toyota han anunciado planes para comenzar la producción en masa de un camión ligero equipado con una pila de combustible de hidrógeno a partir del año fiscal 2027. El proyecto, desarrollado en colaboración con Commercial Japan Partnership Technologies (CJPT), busca consolidar el hidrógeno como una alternativa viable a los vehículos eléctricos de batería, que se enfrentan a cuellos de botella logísticos en el transporte comercial de carga.
El nuevo modelo se construirá sobre el chasis del Isuzu Elf, pero utilizará el sistema de pilas de combustible de tercera generación de Toyota. Según las empresas, esta nueva tecnología permite un aumento del 20% en eficiencia energética y una mayor durabilidad. La elección del hidrógeno pretende cubrir operaciones específicas donde el peso excesivo de las baterías convencionales y el largo tiempo de recarga dificultan la productividad, como en entregas urbanas con múltiples paradas.
Otro ‘talón de Aquiles’ que debe resolverse es el caso de los vehículos refrigerados —que, por ejemplo, transportan alimentos a los mercados— cuyo sistema de refrigeración limita aún más la autonomía de las baterías.
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A diferencia de los camiones puramente eléctricos, que pueden requerir horas conectados a la red, el modelo de hidrógeno permite un repostaje rápido, en un tiempo comparable al del diésel. Además, la tecnología de Toyota se centra en reducir los costes de mantenimiento y optimizar el espacio de carga, ya que el sistema ocupa menos volumen que los grandes bancos de baterías necesarios para autonomías equivalentes. En funcionamiento, el vehículo emite solo vapor de agua, eliminando la liberación de CO2 y óxidos de nitrógeno.

La colaboración entre Isuzu y Toyota no es nueva, ya que anteriormente dio lugar al autobús ERGA FCV. El avance hacia la producción en masa indica que los fabricantes consideran que la infraestructura de hidrógeno está lo suficientemente madura para aplicaciones comerciales en Japón a finales de esta década. Aunque los retos del coste de producción de combustible persisten, la estrategia se centra en el mercado de flotas, donde la previsibilidad de las rutas facilita la instalación de estaciones de abastecimiento dedicadas.