El ejecutivo ve riesgos económicos sin precedentes y señala la "puerta trasera" vía México para fabricantes como BYD
El CEO de Ford, Jim Farley, ya había elogiado los coches chinos e incluso importó un Xiaomi SU7 para usarlo en el día a día. Ahora, el ejecutivo ha elevado el tono contra el avance de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos, calificando una eventual entrada masiva de estas empresas en el mercado estadounidense como “devastadora”. En una entrevista con Fox News, el ejecutivo afirmó que la industria automovilística estadounidense enfrenta una “amenaza existencial” comparable al choque entre fabricantes japoneses y coreanos en décadas pasadas, pero con una escala tecnológica mayor.
Farley argumentó que la competitividad de las marcas chinas se ve impulsada por fuertes subvenciones gubernamentales, lo que les permite practicar precios agresivos que las marcas locales no pueden igualar. Para el ejecutivo, esta disparidad crea un escenario de competencia desleal que pone en riesgo no solo los beneficios de los fabricantes tradicionales de Detroit, sino también la propia estructura económica de la cadena de suministro estadounidense.
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Uno de los puntos centrales de preocupación de Farley es el uso de los países vecinos como una “puerta trasera” al mercado yanqui. Aunque los aranceles de importación intentan proteger las fronteras estadounidenses, empresas como BYD ya tienen fábricas articuladas en México, mientras que Stellantis está considerando producir modelos Leapmotor en Canadá, beneficiándose de acuerdos comerciales regionales para evitar recargos directos.
Además del impacto financiero, el CEO destacó vulnerabilidades en seguridad nacional. Señaló que los vehículos eléctricos modernos funcionan como dispositivos de recogida de datos sobre ruedas. Con sensores y cámaras ubicuos, Farley cuestiona cómo gestionarían la información de los ciudadanos estadounidenses por parte de empresas bajo la influencia de Pekín, elevando el debate comercial a una cuestión geopolítica de soberanía.
A pesar de las críticas, Farley reconoció la excelencia técnica de China en el sector, admitiendo que los estadounidenses van rezagados en eficiencia de costes y tecnología de baterías. La advertencia sirve como presión para políticas de protección más estrictas e incentivos para que la industria local acelere su transición energética sin verse sofocada por la ofensiva asiática que ya está redefiniendo los mercados en Europa y América Latina.