Abramet expone su postura en relación con la fiebre de los equipos de micromovilidad que se ha puesto de moda en los últimos tiempos
La fiebre de los patinetes eléctricos, autopropulsados, scooters y similares ya ha modificado la legislación nacional, con la creación de la Resolución nº 996 del Consejo Nacional de Tráfico (Contran), e incluso ha generado controversia en ciudades saturadas de estos dispositivos, como es el caso de Río de Janeiro (RJ). Aun así, los vehículos orientados a la micromovilidad siguen en aumento. Sin embargo, según la Asociación Brasileña de Medicina de Tráfico (Abramet), es necesario advertir sobre los riesgos de este equipo, importante para el desplazamiento urbano, pero introducido de forma muy repentina y sin una preparación adecuada para el ciudadano.
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En una entrevista con AutoPapo, Abramet expuso su punto de vista sobre la seguridad y la salud respecto a los patinetes eléctricos y similares. Para los especialistas médicos, los vehículos son importantes, pero la salud de los ciudadanos debe ser tratada con mayor cuidado.
Los vehículos de micromovilidad, como los patinetes eléctricos, scooters pequeños, motocicletas ligeras y otros equipos autopropulsados, representan un cambio importante en la movilidad urbana. Ofrecen practicidad, bajo coste, menor ocupación del espacio urbano y pueden contribuir a reducir la congestión y las emisiones”, señala la asociación. “Sin embargo, cualquier innovación en movilidad debe ir acompañada de un análisis riguroso de sus impactos en la salud y seguridad vial. La cuestión no es solo si estos modos son útiles, sino si el sistema vial actual está preparado para recibirlos con seguridad. En muchos lugares, la expansión se produjo más rápido que la adaptación de infraestructuras, legislación, inspección y educación vial. Esto crea un escenario de vulnerabilidad.”

Según un estudio de la Confederación Nacional de Transporte (CNT), el 62% de las carreteras brasileñas están en malas o muy malas condiciones de circulación. Estos dispositivos de movilidad son aún más frágiles, sensibles y propensos a averios que los coches u otros medios de transporte más grandes.
Además, también en 2025, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) descubrió que solo el 1,9% de la población vive en tramos de calles marcados para bicicletas, mientras que el 54,1% de los municipios del país no dispone de señalización para carriles bici, rutas ciclistas ni carriles bici. Este tipo de carreteras son las más adecuadas para la circulación de los vehículos en cuestión.
Abramet señaló que, desde el punto de vista de la seguridad, estos patinetes eléctricos y similares tienen características particulares: ruedas pequeñas, menor estabilidad, baja protección estructural y gran sensibilidad a irregularidades en el suelo. Baches, irregularidades, barandales, suelos mojados y obstáculos que pasarían desapercibidos para un coche pueden causar caídas graves. Además, muchos usuarios tienen poca experiencia previa y a menudo no utilizan equipo de protección.
“Debido a que son compactos, silenciosos, a menudo usados en viajes cortos y a menudo vinculados a la idea de ocio o practicidad, existe una tendencia a subestimar los riesgos implicados. Muchos usuarios no los perciben como vehículos potencialmente capaces de generar traumas importantes, lo que favorece conductas de riesgo, como la ausencia de equipo de protección, exceso de confianza, uso simultáneo de teléfonos móviles y conducción en entornos inapropiados”, reforzó la asociación.
En esta situación, el ciudadano estaría expuesto a riesgos principalmente relacionados con lesiones corporales. En los casos más graves, pueden producirse traumatismos craneales, lesiones faciales, fracturas de las extremidades superiores e inferiores, y traumatismos ortopédicos complejos.

“A diferencia de los automóviles, estos vehículos ofrecen poca o ninguna estructura de protección pasiva, como carrocería reforzada, zonas de deformación, airbags, cinturones de seguridad u otros mecanismos capaces de absorber parte de la energía del impacto. De este modo, en situaciones de caída o colisión, una porción significativamente mayor de la energía generada se transfiere directamente al cuerpo del usuario”, afirmó la asociación.
Entre los mayores riesgos al conducir estos vehículos se encuentran: caídas por pérdida repentina de estabilidad; colisiones con coches, motocicletas, ciclistas y peatones; uso sin casco ni equipo de protección; distracciones con los móviles; inexperiencia del conductor; circulación en carreteras no adaptadas; y una velocidad incompatible con el entorno urbano.
Abramet enfatiza que estas características aumentan significativamente la exposición a lesiones graves, incluyendo traumatismos craneales, lesiones faciales, fracturas de extremidades superiores e inferiores, y traumatismos ortopédicos complejos. En casos más graves, también pueden producirse lesiones potencialmente mortales, como traumatismos torácicos, cervicales y abdominales.
Estudios, predominantemente internacionales, han mostrado un crecimiento significativo en la atención de urgencias relacionada con vehículos de micromovilidad, especialmente los patinetes eléctricos. Las revisiones sistemáticas indican que las caídas representan el principal mecanismo de trauma, asociado a tasas muy bajas de uso del casco entre los usuarios lesionados.
También según Abramet, una revisión que incluyó 34 estudios identificó una alta frecuencia de fracturas de extremidades superiores, señalando que la mayoría de los eventos se originaron en caídas. Otra revisión demostró una mayor incidencia de lesiones en cabeza, cuello y extremidades, así como una mayor necesidad de procedimientos quirúrgicos en ciertos grupos de usuarios. También hay evidencia de una asociación entre una baja adherencia al uso del casco y una mayor incidencia de lesiones cerebrales traumáticas.
Los datos de un estudio observacional realizado en un hospital universitario alemán refuerzan que, a velocidades de 20 km/h, la proporción de accidentes con lesiones graves en cabeza y cuello es del 43,8%, mientras que entre ciclistas, la tasa es del 22,4%.
“Al chocar con obstáculos como bordillos, irregularidades en la carretera o bordillos, el scooter puede actuar como una especie de palanca, proyectando abruptamente al conductor hacia adelante y generando grandes fuerzas en las extremidades superiores y, especialmente, en la cara y la cabeza, aumentando sustancialmente el riesgo de lesiones graves”, explica Abramet.
La asociación señala que las estimaciones sugieren que reducir la velocidad de un scooter eléctrico de 25 km/h a 15 km/h puede disminuir el riesgo de lesiones en la cabeza en aproximadamente un 50% en peatones implicados en colisiones. Este hallazgo refuerza un principio central de la seguridad vial: pequeñas reducciones de velocidad pueden resultar en una reducción significativa de la gravedad de las lesiones, especialmente entre usuarios más vulnerables.
La postura de Abramet es que la micromovilidad puede aportar beneficios importantes, pero debe integrarse en el sistema vial dentro de un enfoque de salud pública y seguridad vial. Esto requiere una infraestructura adecuada, una regulación clara, educación de los usuarios, inspección y fomento del uso de equipos de protección. La innovación sin seguridad puede convertir una solución de movilidad en un nuevo problema de salud pública”, afirma la Asociación.