Un limitador de estudios de la Unión Europea que frena la velocidad del coche mediante GPS

El sistema iba más allá de la ISA y frenaba el coche en el borde de la carretera; Pero el asistente actual falla una lectura de velocidad cada cuatro

Foto: Shutterstock (Con la nueva propuesta de la Unión Europea, las tecnologías de monitorización GPS empezarían a limitar físicamente la velocidad del coche.)
Por João Paulo Profeta
Publicado el 20/07/2026 a las 09:00

La Unión Europea está considerando dar otro paso en el control de velocidad de los coches. Tras hacer obligatorio el Asistente de Velocidad Inteligente (ISA) desde 2024 —que solo alerta al conductor cuando se supera el límite de carretera—, el bloque está ahora evaluando algo mucho más incisivo: un limitador electrónico de velocidad que, en la práctica, impediría que el coche circule por encima del permitido.

La información fue publicada por el periódico británico Daily Mail y repetida por la prensa europea. Según el medio, la Comisión Europea está estudiando cambiar la normativa para que cada coche nuevo vendido en el bloque salga de la fábrica con un dispositivo capaz de ajustar automáticamente la velocidad máxima al límite de cada carretera. El sistema funcionaría mediante posicionamiento por satélite (GPS): cuando identifica que el vehículo ha entrado en un área límite inferior, reduciría electrónicamente la velocidad para evitar excesos.

Todavía no hay detalles sobre cómo funcionaría la tecnología, ni si podría desactivarse temporalmente, como ocurre hoy en día con ISA. Por ahora, esto es solo una idea, pero el Daily Mail dice que podría convertirse en una propuesta formal de la Comisión, con el requisito entrando en vigor a partir de 2030.

El limitador sería una evolución del propio ISA, obligatorio en todos los coches nuevos en Europa desde 2024. A diferencia de lo que se está considerando ahora, el asistente actual no frena ni inmoviliza el vehículo: solo emite advertencias audibles cuando el conductor supera el límite. Puede desactivarse, pero vuelve a arrancar solo cada vez que se reinicia el coche — una razón recurrente de quejas entre los conductores.

Sin embargo, la idea choca con el escepticismo técnico. La ISA acumula fallos de lectura: un estudio de Thatcham Research apunta a una precisión del 74,3%, lo que significa que el sistema comete errores aproximadamente una vez de cada cuatro, confundiendo a menudo el límite de una vía de servicio con el de una autopista. Transferir esta “inteligencia” al control directo de velocidad tiende a multiplicar el riesgo.

El GPS tampoco es infalible: no sería la primera vez que aplicaciones como Google Maps y Waze muestran un límite incorrecto. Con un dispositivo que sujeta efectivamente el coche, el error dejaría de ser una simple advertencia en la pantalla: sería peligroso, por ejemplo, que un vehículo no pudiera pasar de 60 km/h en una carretera despejada a 120 km/h debido a información incorrecta.

También está el debate sobre la libertad, con cuestiones relacionadas con la protección de datos generando controversia y controversia en relación con la posibilidad de que un coche gestione la velocidad a la que circula solo, sin que el conductor pueda intervenir. Y hay un efecto secundario nada despreciable para las arcas públicas: si nadie puede seguir corriendo, las multas por exceso de velocidad —hoy una fuente relevante de ingresos en prácticamente cualquier país— simplemente dejarían de existir.

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