Los pilotos que disfrutan de las carreras tienen cambios en su cerebro, descubren los científicos
Las investigaciones indican que el sistema de recompensa del cerebro se activa mediante estímulos de aceleración, generando una respuesta biológica similar a la de las adicciones químicas
Publicado el 07/05/2026 a las 12:00
La fascinación humana por la velocidad va más allá del cronómetro o del deseo de llegar rápido a un destino. Ya sea en el placer de adelantar en la autopista, bajando por una montaña rusa o en deportes extremos, la búsqueda de velocidad es una experiencia biológica que activa los circuitos profundos del sistema nervioso. Esto es lo que sugieren nuevos estudios científicos, que sugieren que el cerebro tiene una inclinación natural a disfrutar de desplazamientos rápidos, funcionando como un mecanismo complejo de satisfacción interna.
VÉASE TAMBIÉN:
- BMW tardó 11 años en vender 1 millón de coches eléctricos y 2 años en vender el segundo millón
- El examen de conducción Detran SP puede realizarse con tu propio coche; Reglas de comprobación
- BYD dejará de poner pie en los coches eléctricos en Brasil, centrándose en otro segmento
El sistema de recompensa y el trío químico de la euforia
El protagonista principal de este deseo es la dopamina, un neurotransmisor que regula la motivación y la sensación de recompensa. Estudios realizados en la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, indican que las personas con un perfil de “cazador de riesgos” tienen menos autorreceptores de dopamina. En la práctica, esto significa que la sustancia circula con menos inhibiciones en el cuerpo, fomentando comportamientos audaces para mantener altos niveles de satisfacción.
Además de la dopamina, el cuerpo activa un “cóctel” químico durante altas velocidades:
- Adrenalina: eleva el ritmo cardíaco y prepara el cuerpo para un estado de alerta máxima;
- Endorfinas: se liberan para proporcionar alivio físico y una sensación de bienestar profundo tras el estrés del estímulo.

Científicos en Japón, utilizando resonancia magnética funcional (fMRI), han confirmado que incluso los estímulos de velocidad visual activan el área tegmental ventral. Este es el centro del placer mesolímbico, el mismo que se ve afectado por sustancias adictivas, lo que explica la euforia de “querer más” que sienten muchos conductores.
Biología y responsabilidad individual
Aunque la neurobiología explica la tendencia al placer, los expertos advierten que la biología influye, pero no determina el comportamiento. El acto de exceder los límites de velocidad sigue siendo una elección consciente. La predisposición genética a buscar sensaciones fuertes no sirve como conducto seguro para comportamientos imprudentes. En el tránsito, la capacidad racional para tomar decisiones debe prevalecer sobre los impulsos primitivos del circuito de placer.
