Una nueva legislación autoriza la propiedad privada de automóviles y provoca una explosión en la venta de coches importados, cambiando el panorama del país asiático
Pyongyang, la capital de Corea del Norte, siempre ha sido retratada en documentales e imágenes satelitales por sus avenidas monumentales y inquietantemente desiertas. Sin embargo, bajo el mandato de Kim Jong-un, el paisaje urbano está experimentando una profunda transformación. Esto se debe a que, por primera vez en la historia, la metrópoli se enfrenta a dilemas comunes en cualquier gran ciudad del mundo, como los atascos en hora punta y la creciente escasez de plazas de aparcamiento.
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Imágenes recientes confirman que los centros comerciales, mercados y hoteles de Pyongyang están ahora a menudo rodeados de vehículos, señalando un auge del automóvil que está ocurriendo a pesar de las severas sanciones internacionales. Este cambio estructural ha sido impulsado por cambios legislativos en los últimos dos años. Según la nueva ley, los ciudadanos cualificados pueden comprar un vehículo por familia, exclusivamente a través de concesionarios certificados por el Estado.

Los expertos señalan que el régimen norcoreano decidió formalizar la propiedad privada para canalizar el consumo de vuelta a las arcas públicas, controlando todo, desde la venta hasta el suministro de coches. Visualmente, el cambio se evidencia con las nuevas placas amarillas, que identifican la propiedad civil, en marcado contraste con las tradicionales placas negras del ejército o del estado. Aunque el derecho se ha ampliado, el automóvil se consolida como el mayor símbolo de estatus de la élite política y del donju, la clase emergente de empresarios del país.

Esta flota incipiente está respaldada casi en su totalidad por una conexión vital con China. Aunque las resoluciones de la ONU de 2017 prohíben la exportación de vehículos a Corea del Norte, los canales alternativos garantizan un suministro constante. Los datos aduaneros revelan que los insumos también se han disparado: las importaciones de retrovisores crecieron casi un 400% y los neumáticos un 88%, según Reuters. Los fabricantes chinos dominan las carreteras de la capital, pero los modelos de lujo europeos siguen llegando a través de intermediarios que eluden el control de los fabricantes de automóviles.
Para absorber el volumen de las carreteras, la infraestructura local se está viendo obligada a evolucionar. Nuevos hospitales y empresas ya incorporan garajes subterráneos e incluso hay recolectores informales para plazas de aparcamiento en vías públicas. Sorprendentemente, Pyongyang ya cuenta con estaciones de carga para nuevos taxis eléctricos, alineándose tímidamente con las tendencias globales. Este avance refleja la búsqueda del régimen de aires de modernidad, pero tiene un precio en el aprofundamiento de su dependencia estructural de Pekín.