A pesar del aumento, la Ley de Secedad provocó que la tasa de muertes de conductores ebrios disminuyera un 19% entre 2010 y 2024
La tasa de muertes por tráfico relacionadas con el consumo de alcohol cayó un 19,5% en Brasil entre 2010 y 2024. El análisis, publicado este viernes (19), Día Nacional de la Ley Seca, fue realizado por el Health and Alcohol Information Center (Cisa), una referencia nacional sobre el tema.
Para que te hagas una idea, en 2010 la cifra fue de 15.000 muertes. En 2024, había 13.075. Sin embargo, el estudio considera que la cifra volvió a aumentar respecto a 2020 (cuando 11.600 personas perdieron la vida), tras la pandemia.
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Según la coordinadora de Cisa, Mariana Thibes, la Ley Seca no ha dejado de funcionar y es una legislación que sirve como referencia para el mundo al reducir los accidentes de tráfico y salvar vidas en Brasil.
“Esta reducción fue del orden de más del 30%, desde que la ley entró en vigor (en 2008) hasta años recientes”, dijo Mariana en una entrevista con Agência Brasil. Sin embargo, ella está de acuerdo en que se pierde impulso ante los “nuevos desafíos”. La Ley Seca empezó a ser menos eficiente, como muestran los números.
“Hemos estado observando una curva descendente constante hasta 2019, y desde entonces la tasa de mortalidad comenzó a crecer tras la pandemia”, añadió.
Mariana explica que esto ocurrió porque, aunque la inspección ha aumentado en los últimos años, las formas de eludir también se han vuelto cada vez más sofisticadas. “La gente puede comunicarse, usar aplicaciones y saber dónde se hacen las inspecciones.”
Además, lamenta que prevalezca en la población la sensación de que es posible quedar impune por la Ley Seca. Para contener esto, defiende la intensificación de las acciones de inspección, el acceso a la atención de emergencia y las acciones de prevención que afectan especialmente al público masculino (el que más muere en el tráfico).
Según Cisa, en 2019 el consumo de alcohol es responsable del 36,6% de los incidentes de tráfico entre hombres y del 26,3% entre mujeres. “El perfil de mayor riesgo afectado por las muertes son los jóvenes.”
Un problema es que la inspección coexiste con limitaciones, como el número de operaciones con el uso de alcoholímetros y el aumento de la flota y los accidentes con motocicletas.

El coordinador de la CISA recomienda que, para sensibilizar a la sociedad a no beber y conducir, las campañas deben volverse más estratégicas. “Es necesario ir más allá de los anuncios de ‘sorpresa'”.
“La evidencia internacional muestra que los mensajes solo de miedo tienen un efecto a corto plazo, pero no logran cambiar el comportamiento de manera sostenida”, afirmó.
Lo que funcionaría, en su opinión, sería combinar educación, aclaración y la percepción que la gente tiene del riesgo real.
“La persona debe creer que será inspeccionada y castigada.”
Los datos muestran que la mayoría de las infracciones ocurren los fines de semana y durante la noche.
Por lo tanto, una forma sería promover la cultura de alternativas viables, como el transporte nocturno y accesible, y las aplicaciones de transporte por teléfono. “Cuando solo concienciamos, pero tampoco aportamos una alternativa, nos queda un límite claro.”
Según los datos, 18 estados tenían una tasa de mortalidad por cada 100 mil habitantes superior a la media nacional (6,2), como Tocantins (13,4), Piauí (12,1) y Mato Grosso (11,1). En cuanto a hospitalizaciones, 16 estados tienen una tasa más alta. Los más grandes se encuentran en Espírito Santo, Pará y Acre.
“En el caso de los estados con la tasa de mortalidad más alta, podemos pensar en cuestiones estructurales, carreteras más peligrosas, por ejemplo, menor densidad de inspección y acceso a servicios de emergencia en las carreteras”, dijo Mariana Thibes.
Señaló que el hábito de beber y conducir puede variar según el estado. “Estas son realidades específicas que deben investigarse más a fondo para que el gobierno también pueda ofrecer respuestas adaptadas.”