Cuando la tecnología toma el timón, ¿quién asume la responsabilidad?

En el mes de la concienciación del tráfico, el gran debate es delimitar dónde termina el papel de la tecnología y dónde comienza nuestra presencia

Mientras la tecnología avanza en los vehículos, el número de muertes por tráfico sigue creciendo (Foto: Imagen generada por la inteligencia artificial ChatGPT | OpenAI)
Por Flávio Passos
Publicado el 05/09/2026 a las 09:00

Septiembre es el mes en el que Brasil dirige sus ojos y sus campañas a las calles y autopistas con una mirada algo más crítica. Entre el 18 y el 25 celebramos la Semana Nacional del Tráfico, cuyo tema este año, mantenido por Contran, es un mensaje directo, necesario y urgente: “Reduce la velocidad. Tu mayor activo es la vida”. Es un periodo fundamental de concienciación, pero, aprovechando el inicio del mes, propongo que veamos este escenario desde un prisma que vaya un poco más allá de los tradicionales reglamentos de circulación.

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La provocación que planteo para reflexionar es estructural: el automóvil ha evolucionado exponencialmente en las últimas décadas, volviéndose más seguro que nunca. Pero, ¿ha seguido el comportamiento de quienes se sientan al volante esta misma evolución?

Si miramos la industria automovilística contemporánea, el salto tecnológico es impresionante. Hoy en día, incluso los modelos de entrada empiezan a incorporar paquetes de protección que, hace solo unos años, eran exclusivos de los sedanes de lujo. Estamos hablando de sistemas autónomos de frenado de emergencia, alertas de colisión y ángulo muerto, asistentes de mantenimiento de carril, múltiples airbags y conectividad que monitoriza el vehículo en tiempo real. El coche ya no es solo una máquina de transporte para convertirse en un ecosistema inteligente, programado para predecir y mitigar errores.

Casi tres muertes por hora en el tráfico brasileño

Sin embargo, esta formidable armadura tecnológica se enfrenta a diario a un obstáculo analógico y altamente impredecible: el factor humano. Mientras la ingeniería invierte miles de millones para crear cabinas de seguridad en las calles, lo que estamos presenciando es una epidemia crónica de exceso de velocidad, uso ininterrumpido de teléfonos móviles al volante, agresividad e imprudencia. El conductor del siglo XXI tiene, quizás, la capacidad de atención más fragmentada de la historia. Para hacerse una idea de la dimensión de esta crisis, datos del Sistema Nacional de Información de Seguridad Pública (Sinesp) publicados a finales de julio de 2026 muestran que Brasil registra una alarmante media de 67 muertes diarias en accidentes de tráfico.

Esto crea una paradoja peligrosa sobre el asfalto. Existe una teoría conductual conocida como “homeostasis del riesgo” que sugiere que, cuando nos sentimos más protegidos por la tecnología, tendemos a adoptar conductas más arriesgadas. La falsa sensación de invencibilidad que puede transmitir un coche moderno con una máxima calificación de seguridad acaba animando a algunos conductores a acelerar más o a apartar la vista de la carretera para responder rápidamente a un mensaje.

Debemos afrontar la realidad de que la tecnología ayuda a reducir la gravedad de los accidentes, pero no anula las leyes de la física, y mucho menos reemplaza el sentido común. Un asistente de frenado puede, sin duda, salvar una vida, pero no está diseñado para ser una licencia poética para la falta de atención. La máquina cumple su parte, pero la decisión de mantenernos concentrados sigue siendo completamente nuestra.

En nuestra vida diaria, siguiendo el viaje de millones de brasileños en la búsqueda del próximo vehículo, notamos claramente que la seguridad se ha convertido en un factor decisivo en la compra. Existe una demanda creciente de coches de segunda mano y de segunda mano que están cada vez más equipados. La renovación de la flota circular y la democratización del acceso a tecnologías de seguridad activas y pasivas a través del mercado de segunda mano supone un avance tremendo para la sociedad. Hace que la innovación abandone los salones del automóvil y proteja a las familias reales.
La

tecnología por sí sola no hace milagros

. Sin embargo, el acceso a un coche más inteligente y seguro requiere un conductor que sea igualmente consciente de su papel en el equipo de movilidad. No tiene sentido tener avenidas llenas de vehículos capaces de frenar solos si seguimos fijando la vista en las pantallas de los smartphones en lugar de fijarnos en el semáforo, el ciclista o el peatón.

Por tanto, el mensaje de “Reducir la velocidad” de la Semana Nacional del Tráfico adquiere una capa extra de significado. Reducir la velocidad no consiste solo en bajar el pie del pedal derecho para evitar multas. También se trata de ralentizar la ansiedad de estar conectado todo el tiempo, la prisa injustificada y el impulso que convierte el tráfico en un ambiente de disputa.

El coche del futuro ya ha llegado y está aparcado en muchos de nuestros garajes. Hace casi todo por nosotros, excepto estar atentos. Que este septiembre también podamos actualizar nuestro comportamiento. Al fin y al cabo, la tecnología es una herramienta fantástica, pero la responsabilidad de valorar la vida siempre será de quienes mandan.

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