Para escapar del calor, Barcelona quiere pavimentar las calles con fosas de aceitunas

El material hecho de huecos de olivo y restos de pino puede reducir las emisiones de CO2 al pavimentar calles de la ciudad hasta en un 76%

Los pozos de oliva se transforman en asfalto y pueden reducir las emisiones de CO2 hasta en un 76% (Foto: Reproducción)
Por Júlia Haddad
Publicado el 02/07/2026 a las 10:00

Barcelona quiere convertir los huesos de oliva en el ingrediente sorpresa de sus calles. La capital catalana ha seleccionado un proyecto que propone utilizar biochar — un tipo de carbón vegetal — producido a partir de residuos agrícolas del cultivo de olivos en composición de asfalto, con la promesa de reducir las emisiones de carbono y aliviar el sofocante calor veraniego.

La iniciativa forma parte de un reto lanzado por el ayuntamiento para desarrollar aceras y aceras adaptadas al cambio climático. Se presentaron seis propuestas, de las cuales dos ganaron — entre ellas, el Proyecto Biochar, destinado a crear pavimentos urbanos con menor impacto ambiental y mayor circularidad.

La propuesta busca sustituir materiales convencionales, como productos petrolíferos, grava y aditivos químicos, por biomasa residual de huecos de olivo y restos de pino. El material es producido por la empresa andaluza Carboliva, en Puente del Obispo, en la provincia de Jaén, mediante un proceso de conversión termoquímica que genera un carbón vegetal rico en carbono y con una alta capacidad para almacenar dióxido de carbono (CO2). La elección no es casual: España es el mayor productor mundial de aceite de oliva, lo que garantiza un flujo abundante y barato de estos residuos agrícolas.

Según estudios realizados por la Universidad Politécnica de Cataluña, el biochar ha mostrado un rendimiento técnico similar o incluso superior en pruebas de laboratorio al asfalto convencional. Entre las ventajas se encuentran una mayor resistencia a altas temperaturas, mejor comportamiento frente a la humedad y el agua, y el potencial de reducir las emisiones de CO2 asociadas al asfaltado hasta en un 76%.

Otra diferencia es la capacidad del biochar para retener carbono durante décadas en su estructura molecular, lo que impide la liberación de gases a la atmósfera y ayuda a mitigar el efecto de las islas de calor urbanas, un fenómeno que hace que las noches de verano sean cada vez más insoportables en las grandes ciudades. La tecnología también suele ser más barata para el gobierno: en España, recuperar un solo kilómetro de vía puede costar hasta 100 mil euros cuando requiere una rehabilitación estructural completa.

Por ahora, el proyecto se encuentra en fase de investigación y prototipado, con finalización prevista para septiembre de 2026. Posteriormente, el material se aplicará en proyectos piloto de obras públicas a lo largo de 2027, mientras que el análisis de los resultados y la transferencia de conocimientos están programados para el primer trimestre de 2028.

La investigación aplicada recibió una subvención pública de 90 mil euros, destinada a financiar el desarrollo de los componentes y la fabricación de los primeros prototipos.

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