Los defectos en camionetas pickup y SUV obligan al fabricante a tomar medidas drásticas contra las fábricas asociadas para intentar salvar la calidad de sus vehículos
Ford ha decidido notificar formalmente a sus socios de la cadena de suministro en un intento por frenar la crisis de fiabilidad que la ha consolidado como el fabricante con mayor número de retiradas en la industria automovilística estadounidense en los últimos años. En un cambio de postura, la empresa expondrá públicamente a los proveedores que presenten fallos de calidad o falta de control de costes, con la amenaza de prohibirlos en futuros proyectos de desarrollo si los problemas no se mitigan rápidamente.
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La alta dirección del fabricante atribuye gran parte de sus recientes cuellos de botella en la producción y calidad a fallos externos en la fabricación. Un ejemplo expresivo de esta dependencia fue la retirada que afectó a unas 180.000 unidades del SUV Bronco y la pickup Ranger, motivada exclusivamente por tornillos internos de los asientos que dejaron a la fábrica del proveedor sin el par de apriete adecuado.
El impacto en la línea de montaje y en la imagen de marca ha sido severo. Otro caso de gran repercusión involucró a unos 400.000 vehículos grandes, como la pickup F-250 Super Duty. Los modelos sufrieron roturas prematuras en los limpiaparabrisas debido a una falla estructural del fabricante socio Trico. Además, los defectos crónicos en la suspensión trasera del SUV Ford Explorer requirieron retiradas masivas para el reemplazo de componentes propensos a la oxidación excesiva, también suministrados por empresas externas.
Para intentar sortear la crisis operativa, Ford exige la adhesión obligatoria a su plan de Gestión del Valor Total (TVM). El programa exige reducciones anuales continuas de costes para el fabricante y elimina cláusulas de no renovación de contratos anuales, asegurando una mayor estabilidad industrial.
A pesar de la pauta de tolerancia cero ante errores, la relación de dependencia con la cadena de autopartes sigue siendo compleja. Recientemente, Ford tuvo que inyectar su propio capital en el grupo First Brands para mantener activas las líneas de producción y mitigar los efectos de un incendio que ocurrió el año pasado en la planta de aluminio del proveedor. El incidente ralentizó drásticamente el montaje de camionetas F-150 rentables, poniendo de manifiesto la debilidad estructural que la empresa ahora intenta corregir.