Más allá de la velocidad: la ciencia explica por qué es emocionante conducir

La investigación de Castrol muestra que la concentración y el sentido de control son más importantes para la emoción al volante que las altas velocidades

El estudio de Castrol muestra que la emoción de conducción está más ligada a la concentración y el control que a la velocidad (Foto: Castrol | Divulgación)
Por Júlia Haddad
Publicado el 28/08/2026 a las 19:00

Una investigación liderada por Castrol en el Reino Unido investigó qué ocurre en el cerebro y el cuerpo cuando conducir deja de ser solo una obligación y se convierte en una experiencia emocionante. El estudio concluyó que la sensación de placer al conducir está relacionada con la combinación de: concentración, control y excitación de la situación.

Realizado por la empresa de neurociencia Brainbox, el estudio siguió a participantes en cinco situaciones de conducción diferentes, todas en instalaciones de PalmerSport en Bedfordshire, Inglaterra. Los voluntarios condujeron o fueron conducidos en un Land Rover Defender, karts, un McLaren Artura GT4 y un coche de carreras JPLM.

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Foto: Castrol | Divulgación

Durante las pruebas, los investigadores monitorizaron la actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG), la frecuencia cardíaca, la respuesta galvánica cutánea y los movimientos oculares. Los datos recogidos permitieron que el estudio diferenciara una situación de alta excitación y placer de una marcada por miedo o ansiedad.

Según el análisis, la emoción al conducir surge cuando tres factores alcanzan niveles altos y permanecen bajo control: la estimulación física y mental, la implicación cognitiva con la tarea y el equilibrio emocional entre la emoción y el miedo. Cuando uno de estos elementos supera el límite que el conductor puede manejar, la experiencia puede dejar de ser placentera y convertirse en estrés.

En la prueba realizada con el McLaren Artura GT4, a pesar de la alta velocidad, los participantes mostraron los niveles más altos de concentración y sensación de control. Los datos indicaron un estado de “flujo”, en el que el piloto permanece completamente inmerso en la tarea y opera cerca del límite de sus capacidades.

Mientras conducían el McLaren, los participantes mantuvieron la mirada fija en la trayectoria y parpadearon, de media, solo 2,5 veces por minuto, frente a unas 15 a 20 veces en una situación de reposo. La actividad cerebral también indicó una fuerte concentración, con ondas theta aumentadas asociadas a una concentración profunda, acompañadas de actividad alfa relacionada con la alerta.

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Foto: Castrol | Divulgación

Los karts mostraron resultados similares, a pesar de las velocidades más bajas. Esto refuerza la conclusión de que la velocidad, por separado, no es decisiva para la sensación de emoción.

La diferencia se hizo aún más evidente cuando los participantes dejaron de conducir y pasaron a ser pasajeros en un coche de carreras JPLM conducido por un profesional. A pesar de las altas velocidades y la alta activación física, los indicadores apuntaban a una experiencia más cercana al miedo que a una emoción placentera.

En este escenario, los participantes mostraron movimientos oculares más erráticos y parpadearon unas 40 veces por minuto, mientras que registraron aproximadamente 190 fijaciones oculares diferentes durante las curvas. En el cerebro, hubo un aumento de las ondas beta, asociadas con estrés y ansiedad, acompañado de una reducción de las ondas theta y alfa observadas durante situaciones de concentración y control.

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Foto: Castrol | Divulgación

La prueba también mostró que una frecuencia cardíaca elevada no es suficiente para determinar si una experiencia es placentera o aterradora. Tanto la emoción como el miedo pueden aumentar la activación fisiológica, pero los otros indicadores ayudan a identificar si el conductor está concentrado y en control o abrumado por la situación.

La conducción fuera de carretera reforzó esta conclusión. Incluso a velocidades medias de solo 8 km/h, la prueba proporcionó niveles relevantes de emoción al combinar desafíos técnicos, concentración y control del vehículo.

Para Dan Phillips, cofundador y director de Brainbox, la emoción de conducir resulta de la convergencia de diferentes respuestas fisiológicas, especialmente la concentración y la sensación de control del vehículo. Así que, científicamente, Lightning McQueen, de la película Cars, tenía razón al decir que él es velocidad.

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