La nueva legislación se centra en la composición de accionistas y podría anular las exenciones de la marca alemana debido a la participación del 19,7% de los inversores chinos
Mercedes-Benz podría convertirse en un objetivo accidental de la ofensiva del gobierno estadounidense para contrarrestar la influencia china en la industria automovilística estadounidense. Un proyecto de ley en el Congreso de EE. UU. — la Ley de Modernización de Vehículos de Motor — quiere prohibir a los fabricantes de automóviles vinculados a gobiernos considerados adversarios, y esta medida proteccionista podría afectar duramente al fabricante alemán.
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El enfoque de la propuesta no está en dónde se producen los coches. Mercedes mantiene una fuerte presencia industrial en suelo estadounidense: lleva décadas ensamblando vehículos en Alabama, opera una fábrica de furgonetas en Carolina del Sur y emplea a unas 10 personas en el país. Recientemente, celebró 5 millones de unidades fabricadas en Estados Unidos y trasladó allí la producción del SUV GLC.
El obstáculo radica en la composición accionaria de la sede, que aporta participaciones en BAIC — una empresa estatal controlada por el gobierno chino — que posee algo menos del 10% de las acciones de Mercedes. Además, Li Shufu, presidente del fabricante chino Geely, tiene otra porción de casi el 10% del pastel.
Hace cinco años, esto no habría sido un problema. La legislación concede exenciones para los fabricantes tradicionales que llevan años produciendo en EE. UU., pero una cláusula específica anula la protección cuando la empresa tiene la propiedad, directa o indirecta, vinculada a un gobierno opositor. Según CNBC, es precisamente en este momento cuando la participación de BAIC abre espacio para cuestionar.
El CEO de Mercedes, Ola Källenius, afirma estar seguro de que el asunto se resolverá sin grandes dramas. El ejecutivo afirma que la empresa puede ajustar su estructura de propiedad, si es necesario, y ya está negociando con los legisladores para preservar la operación. El mercado estadounidense es vital para la empresa alemana, que vendió más de 300.000 vehículos de pasajeros en el país el año pasado y quiere aumentar su número.