La tienda se ve obligada a aislar el vehículo después de que un ave protegida eclosione cuatro huevos en la rueda. El comprador tendrá que esperar al final del ciclo biológico de los animales
Un comprador adquirió, a principios de mes, una pickup Ford F-250 de cero kilómetros, pero legalmente no puede llevársela a casa. La razón del estancamiento es inusual: un ave de la especie de zorzal americano eligió el neumático de la pickup, aparcada en el jardín de un concesionario en Kansas (EE.UU.), para construir su nido. La protección por ley federal otorgada al ave obligó a la tienda a suspender la entrega del vehículo hasta que los cuatro polluelos, que acaban de nacer, puedan volar y abandonar el lugar por su cuenta.
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La restricción no es un simple exceso de celo del equipo de ventas, sino una estricta aplicación de la legislación medioambiental estadounidense. El petirrojo americano está protegido por la Ley del Tratado de Aves Migratorias, promulgada en 1918 y que clasifica como delito federal mover, dañar o destruir nidos activos de ciertas especies. Las infracciones pueden conllevar multas severas e incluso detención. Ante el riesgo legal, el concesionario decidió aislar la recogida e informar al cliente sobre la espera forzada.

La situación, aunque atípica en el comercio minorista de automóviles, tiene una fecha límite biológica previsible para terminar. Los huevos de esta especie tardan unas dos semanas en eclosionar. Como los cuatro polluelos nacieron el 14 de mayo, los expertos estiman que necesitarán otros 14 días dentro del nido antes de desarrollar suficiente plumaje para el primer vuelo. Durante este periodo de extrema vulnerabilidad, cualquier movimiento del camión sería fatal para los animales.
En redes sociales, el concesionario trató el caso con ligereza, clasificando el camión como el único F-250 del país protegido por una ley federal sobre aves de corral, y agradeció públicamente al comprador su paciencia. Para los expertos en biología, la elección de la envergadura amplia de una empresa de anidación de alta resistencia ilustra un problema mayor: la expansión urbana continua reduce los hábitats naturales, obligando a la fauna a buscar refugios alternativos y temporales en infraestructuras humanas.