Descubre por qué confiar ciegamente en el velocímetro puede hacer que vayas más despacio de lo que crees — y por qué es algo positivo
Es una escena habitual para quienes usan aplicaciones de navegación: mientras que el velocímetro del salpicadero marca 100 km/h, Waze o Google Maps indican 95 km/h o 96 km/h. Esta discrepancia no es un error del sistema, sino una característica técnica y regulatoria de la industria automovilística.
En términos generales, el GPS es el instrumento más preciso para medir la velocidad real a velocidad de crucero. Esto se debe a que el sistema calcula la velocidad midiendo la distancia recorrida a lo largo del tiempo mediante seguimiento por satélite, independientemente de las partes mecánicas del vehículo.
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Los velocímetros, en cambio, funcionan midiendo la rotación de las ruedas. El problema es que el diámetro de los neumáticos no es una constante absoluta. Los neumáticos desgastados se hacen más pequeños, girando más rápido para cubrir la misma distancia, lo que hace que la marca del velocímetro tenga una velocidad mayor que la real. Los cambios de presión o el cambio de llantas de diferentes tamaños también afectan a la lectura.
Para evitar problemas legales, los fabricantes adoptan un margen de seguridad. Las normas internacionales, como las de la Unión Europea (UNECE), prohíben que el velocímetro muestre una velocidad inferior a la velocidad real. Si vas a 100 km/h, el salpicadero nunca podrá marcar 95 km/h, ya que esto induciría al conductor a cometer infracciones o accidentes. Por otro lado, la legislación le permite marcar para más velocidad (normalmente hasta un 10% + 4 km/h).
Así que, en la mayoría de los casos, tu coche es, de hecho, más lento de lo que te indica el salpicadero. El GPS gana en precisión en rectas y velocidades constantes, pero puede sufrir «retrasos» (lags) en aceleraciones bruscas, curvas cerradas o túneles, momentos en los que el velocímetro mecánico reacciona más rápido.