En lugar de pagar 90 dólares para llenar el depósito de su Mercedes-Benz, el estadounidense usó su creatividad para conducir por el barrio gastando casi nada en combustible
Presionados por la subida de los precios del combustible, el Hightower estadounidense de Mali encontró una solución poco ortodoxa para reducir gastos en los desplazamientos diarios: convirtió un juguete infantil de la línea Barbie en un microcoche motorizado y funcional.
El proyecto poco común comenzó cuando Hightower rescató de la basura un Power Wheels Dream Camper, una caravana tradicional de plástico rosa hecha para niños. En lugar de restaurar el sistema eléctrico original del juguete, decidió radicalizarlo. La carrocería de plástico fue adaptada y montada sobre un chasis de kart. Para asegurar la propulsión, el estadounidense instaló un pequeño motor de combustión, originalmente perteneciente a una hidrolavadora de alta presión.
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El resultado es un vehículo urbano de muy bajo coste, diseñado específicamente para cubrir distancias cortas, como viajes al supermercado o desplazamientos dentro del propio barrio. La motivación económica detrás de la ingeniosidad es clara y matemática. Aunque el propietario paga unos 90 dólares para llenar el depósito de su Mercedes-Benz descapotable con gasolina premium, el coste estimado para llenar el pequeño depósito del carrito de Barbie no supera los 3 dólares.

A pesar de las dimensiones compactas y el origen lúdico, la seguridad y el confort no han sido del todo descuidados. El microcoche rosa estaba equipado con un cinturón de seguridad de cuatro puntos para asegurar al conductor adulto. Además, el proyecto contó con un sistema de iluminación completo, equipos de sonido integrados e incluso una tableta situada en el salpicadero para el entretenimiento. La parte trasera del remolque infantil cumple la función de baúl, ofreciendo suficiente espacio para acomodar bolsas y objetos pequeños.