Aunque los híbridos convencionales son robustos, los modelos enchufables presentan un 146% más de problemas que los coches normales; ver la clasificación
En sentido contrario a la carrera por la electrificación total, los coches híbridos convencionales (HEV) se han consolidado como la opción más segura para quienes buscan durabilidad. La tradicional encuesta de fiabilidad de Consumer Reports, basada en datos de más de 330.000 vehículos, señala que estos modelos tienen un 26% menos de problemas que los coches alimentados únicamente por gasolina. El resultado sitúa la tecnología por delante tanto de los motores térmicos como de los puramente eléctricos.
El escenario es al revés para las nuevas tecnologías: los vehículos 100% eléctricos (BEV) registran un 79% más de fallos que los modelos de combustión, mientras que los híbridos enchufables (PHEV) tienen la peor media: un 146% más de problemas reportados.
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La disparidad en los números refleja la madurez de la ingeniería. Mientras que los híbridos convencionales se benefician de décadas de mejora (liderados por Toyota y Honda), los híbridos eléctricos se enfrentan a «dificultades de crecimiento» con las nuevas tecnologías de baterías y motores. Los PHEV, en cambio, sufren de una complejidad excesiva, uniendo lo peor de dos mundos mecánicos susceptibles a fallar.
El análisis destaca diferentes situaciones entre los fabricantes:
El estudio concluye que, aunque la industria se está orientando hacia lo eléctrico, los consumidores centrados en la fiabilidad a corto plazo siguen encontrando que el híbrido convencional —tecnológicamente más estable— es el mejor coste-beneficio del mantenimiento.