La nueva ley exige que los documentos reflejen el sexo asignado al nacer; El Estado no estableció un plazo de transición y traslada los costes de la nueva emisión a los conductores.
El estado de Kansas, en Estados Unidos, ha comenzado a invalidar los permisos de conducir de miles de conductores transgénero. La medida refleja directamente la nueva legislación estatal, que establece que los documentos oficiales de identificación deben registrar obligatoriamente el sexo asignado a la persona en el momento de su nacimiento. La decisión afecta a conductores que habían corregido el género en sus registros y genera debates sobre derechos civiles y seguridad vial local.
VÉASE TAMBIÉN:
La nueva ley entró en vigor de forma abrupta, poco después de que la legislatura estatal revocara el veto impuesto por la gobernadora Laura Kelly. Como el texto aprobado no estableció un periodo de gracia ni reglas de transición, los documentos en circulación se volvieron inválidos en el momento exacto de la promulgación. En la práctica, esto significa que los conductores transgénero que estaban al volante en el momento de la publicación de la ley empezaron a conducir de forma irregular al instante.
Con el cambio, los residentes del estado que usan licencias con el marcador de género rectificado están sujetos a severas sanciones si se les aborda en las inspecciones y no presentan una identificación considerada “válida” según los nuevos criterios. El departamento local de tráfico ya ha comenzado a enviar cartas oficiales a los residentes afectados, notificándoles la obligación de devolver inmediatamente las antiguas credenciales para la emisión de nuevas carreteras.
Si continúan operando vehículos sin una carretera actualizada, los conductores estarán sujetos a las sanciones previstas en la legislación local por conducir sin licencia. Se estima que la medida afectará entre 1.700 y 1.800 personas que ya habían cambiado sus registros en el estado.
Otro punto de fuerte crítica a la nueva política es la ausencia de subvenciones estatales. Kansas no ha asignado fondos públicos para cubrir los costes operativos de esta reemisión forzada. En consecuencia, la carga financiera recaerá enteramente en el ciudadano, que tendrá que pagar las tasas para emitir un nuevo documento y así mantenerse dentro de la ley.