Anteriormente un preparador no oficial de BMW, Alpina forma ahora parte del grupo; La integración se completó con el derecho a la rebranding y nuevos planes comerciales
Tras una transición gradual, BMW oficializó la integración total de Alpina, cuyos derechos comerciales ya se habían adquirido en 2022. La maniobra consolida una nueva estrategia dentro del grupo alemán: incorporar internamente a la empresa especializada en crear versiones más refinadas de los BMW originales. De este modo, Alpina servirá como un buque insignia de lujo intermedio, cubriendo el vacío de mercado existente entre los modelos top de BMW y los de Rolls-Royce.
La nueva fase se caracteriza, primero, por una reestructuración de la identidad visual. Así, el emblema clásico ha sido rediseñado desde la perspectiva del minimalismo digital: aunque conserva los símbolos técnicos del cuerpo de aceleración y el cigüeñal, el nuevo logotipo abandona el escudo tradicional, el anillo exterior con el nombre de la empresa y los colores rojo y azul.
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Además del logotipo, el “nuevo Alpina” ha revisado la tipografía oficial y actualizado sus icónicas llantas de 20 radios. Las piezas adoptan ahora un acabado bicolor en diamante, una referencia directa y nostálgica a los diseños originales de los años 70. En el interior, la orden es elevar el listón: los futuros modelos abandonarán el cuero estándar de BMW (Dakota o Vernasca) en favor de materiales de “calidad superior” como estándar, ampliando las opciones de personalización.
La expectativa del mercado es que el primer fruto de esta gestión directa se lance a finales de este año. Se espera que el vehículo sea una reinterpretación del BMW Serie 7, pero con importantes diferencias técnicas. Identificado internamente por el nombre en clave G72 — en lugar del G70 del sedán convencional — el modelo señala una ingeniería dedicada para ofrecer más exclusividad que el antiguo B7, consolidando a Alpina ya no como un preparador, sino como una marca de alta costura automovilística.