Los fijadores millennials siguen siendo insustituibles en los aviones, mientras que la industria automovilística apuesta por la soldadura para ganar eficiencia y acabado
El remache data de la antigüedad, consolidándose como uno de los métodos más duraderos de unión de materiales de la historia, con registros que datan de la construcción de las pirámides de Guiza. En la definición técnica contemporánea, es un fijador metálico compuesto por una cabeza redondeada y un tallo liso. Al ser deformada mecánicamente tras la aplicación, la pieza crea una unión permanente y robusta entre las superficies metálicas.
En el siglo XIX, el avance tecnológico en la ingeniería amplió el uso de estos sujetadores a estructuras colosales. Barcos transatlánticos, redes ferroviarias e iconos arquitectónicos como la Torre Eiffel se han erigido sobre esta tecnología. El Titanic, por ejemplo, utilizó extensamente este método—aunque existen teorías que sostienen que la metalurgia inconsistente de algunos remaches pudo haber debilitado el casco en el fatídico impacto. Según datos del fabricante Rivetwise, en Gran Bretaña en 1900, más de 35 mil kilómetros de raíles estaban unidos exclusivamente por este tipo de fijación.

VÉASE TAMBIÉN:
En la aviación moderna, la relación con los remaches permanece intacta, no por nostalgia, sino por necesidad física. Las aeronaves dependen de la capacidad de estos sujetadores para soportar intensos ciclos de presurización, vibración y esfuerzo sin agrietarse.
Mientras que la industria de la construcción y el automóvil han migrado masivamente hacia la soldadura, la industria aérea se enfrenta a una limitación material: el aluminio. Predomina en el fuselaje de los aviones debido a su ligereza, pero este metal no reacciona bien al calor extremo de la soldadura, lo que puede alterar su temple y debilitar la estructura en puntos críticos.
En el universo automovilístico, la lógica industrial es diferente. Las carrocerías están mayormente estampadas en acero, un material con un alto punto de fusión y alta tolerancia a los procesos de soldadura. Esto permitió a los fabricantes adoptar líneas de producción automatizadas por robots, asegurando velocidad y escala.
Además de la eficiencia de fabricación, la soldadura contribuye a la reducción de peso—eliminando la masa extra de miles de fijadores—y a la estética. En el diseño de automóviles, la prioridad es la fluidez visual y la aerodinámica de superficies limpias, libres de las protuberancias que aún caracterizan la piel metálica de los aviones.