La administración Trump defiende su estrategia contra el narcotráfico, pero los expertos advierten sobre el riesgo para la aviación comercial global
El gobierno de EE. UU. se enfrenta a preguntas de la comunidad internacional sobre su uso de aviones militares camuflados como aeronaves comerciales en operaciones de combate. La estrategia, desplegada frente a la costa de Venezuela, permitió a las fuerzas estadounidenses llevar a cabo ataques sorpresa contra buques, lo que los expertos consideran que viola las leyes de conflicto armado.
El episodio central de la controversia, reportado por la prensa estadounidense, tuvo lugar el 2 de septiembre de 2025, cuando un avión del Pentágono, sin identificación militar visible, bombardeó un barco sospechoso de tráfico de drogas, causando la muerte de 11 personas.
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La principal discusión legal gira en torno al concepto de perfidia: el acto de engañar al adversario simulando una condición protegida — en este caso, la de una aeronave civil — para llevar a cabo un ataque. Según la Convención de Ginebra y el derecho internacional humanitario, esta práctica está prohibida y constituye un crimen de guerra.
En el ataque reportado, la aeronave no mostró pintura militar estándar y operó con armamento oculto en el fuselaje. Las modificaciones estructurales, como compartimentos internos invisibles externamente, permitían el lanzamiento de municiones sin que el objetivo se diera cuenta de la amenaza inminente.

A continuación, el vídeo publicado por el Presidente de los Estados Unidos sobre la operación del 2 de septiembre:
La ofensiva de septiembre no fue un caso aislado. Desde entonces, se han registrado al menos 35 ataques similares, sumando un total de 123 muertes. La estrategia, justificada por la lucha contra los cárteles narcoterroristas, se ha expandido desde Venezuela a rutas que involucran Colombia, México y Cuba.
La administración de Donald Trump sostiene que las operaciones son medidas legítimas de seguridad nacional contra grupos vinculados a la administración de Nicolás Maduro, argumentando que las reglas tradicionales de la guerra no se aplicarían a acciones para combatir el crimen organizado.
Sin embargo, los analistas advierten de un efecto secundario peligroso: al militarizar la aparición de los jets civiles, Estados Unidos pone en peligro la seguridad de la aviación comercial global al convertir erróneamente los aviones de pasajeros en posibles objetivos en zonas de conflicto.