Además de la velocidad reducida, la marca defiende la creación de una nueva categoría en Europa con requisitos de seguridad simplificados
Fiat estudia limitar electrónicamente la velocidad máxima de sus coches urbanos a 117 km/h. La propuesta, defendida por el CEO de la marca, Olivier François, no solo está orientada a la seguridad, sino principalmente a la viabilidad económica: la medida permitiría prescindir de las costosas tecnologías exigidas por la Unión Europea, manteniendo el precio de los vehículos asequible.
El ejecutivo argumenta que las recientes regulaciones de seguridad del bloque exigen sistemas de asistencia avanzada (ADAS) diseñados para prevenir accidentes a altas velocidades. Para modelos estrictamente urbanos, como el Fiat 500 y la familia Panda, François considera que la obligatoriedad de este equipamiento hace que el producto final sea más caro sin aportar un beneficio práctico real al conductor.
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«La instalación de esta tecnología compromete la ecuación coste-beneficio para el consumidor», evalúa el fabricante. La estrategia de Fiat es fomentar la creación de una nueva categoría reguladora en Europa, el «M1E». Esta clasificación permitiría que los vehículos ligeros tuvieran requisitos de seguridad simplificados a cambio de limitar la velocidad, salvando el segmento de entrada de la extinción debido a los altos costes.
En la práctica, el cambio tendría poco impacto en la usabilidad. El nuevo Big Panda eléctrico, por ejemplo, ya está limitado a 132 km/h. Reducir ese límite a 117 km/h se considera aceptable para coches que rara vez frecuentan autopistas de alta velocidad.
Si la propuesta sigue adelante, Fiat adoptará una postura más radical que Volvo. En 2020, la marca sueca limitó todos sus modelos a 180 km/h, centrándose exclusivamente en reducir accidentes mortales. La maniobra del italiano, a su vez, es un intento de mantener la supervivencia comercial de los compactos en un escenario de estricta regulación.