Andrew Tran vendió su coche eléctrico en Estados Unidos, pero el vehículo reapareció en una app en Bielorrusia con funciones activas; Entiende el riesgo
En un caso inusual de vulnerabilidad de coche conectado, el estadounidense Andrew Trana descubrió que aún tenía el control total de las funciones remotas de su viejo Tesla, meses después de deshacerse del vehículo. El coche, ahora propiedad de un nuevo propietario, estaba ubicado en Grodno, Bielorrusia — a unos 9.700 kilómetros del anterior propietario.
La persistencia del vínculo entre la cuenta de Tran y el hardware del vehículo le permitió mantener el acceso al servicio de “Conectividad Premium”. Incluso al otro lado del océano, el estadounidense podía ver la ubicación exacta del coche en tiempo real, cerrar las puertas con llave, activar el claxon, parpadear los faros e incluso abrir las ventanas. El episodio plantea debates sobre la responsabilidad de fabricantes y revendedores en el “reinicio” digital de dispositivos IoT de alto valor.
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La situación tuvo repercusiones después de que Tran informara sobre lo ocurrido en foros tecnológicos. Explicó que su mayor preocupación era financiera, ya que las suscripciones a los servicios de Tesla seguían vinculadas a su tarjeta de crédito. El caso también ilustra una práctica común en el mercado automovilístico internacional: la exportación de coches que sufrieron “pérdida total” en Estados Unidos hacia Europa del Este. El bajo coste de la mano de obra en países como Bielorrusia hace posible reconstruir el material salvamento que de otro modo se desecharía en el mercado estadounidense.

Los expertos advierten que, al vender un vehículo conectado, el propietario debe realizar una limpieza de datos y una desvinculación formal mediante la aplicación y el panel central. Tras la reacción negativa, Tran confirmó que había retirado el vehículo de su cuenta oficial. Reiteró que no tenía intención de interferir en la rutina del nuevo propietario, pero utilizó el caso como advertencia sobre la importancia de la privacidad en una época en la que los coches son, esencialmente, ordenadores sobre ruedas.