La encuesta indica que el 90% de los vehículos nuevos comparten telemetría del conductor en EE. UU.; La venta de información a terceros está en la mira del gobierno
Tu propio coche puede ser el culpable del repentino aumento del valor de tu seguro. Esto se debe a que, con la evolución tecnológica, se estima que el 90% de los vehículos nuevos en el mercado global ya no son solo medios de transporte para actuar como verdaderos ‘espías’ sobre ruedas. Recogen datos detallados de telemetría —como frenadas bruscas, aceleración rápida y exceso de velocidad— y los transmiten a los intermediarios de datos, que a su vez venden ese historial a las aseguradoras.
La práctica, que se había estado llevando a cabo discretamente, se convirtió en un escándalo de privacidad y fue objeto de mira de las autoridades. Recientemente, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) prohibió a General Motors (GM) compartir esta información de conducción con terceros durante cinco años, exigiendo un cambio drástico en la transparencia con los consumidores.
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En la práctica, el impacto afecta duramente al propietario. Muchos conductores en Estados Unidos, incluso con un historial impecable y sin multas ni accidentes, se han sorprendido por saltos inexplicables en el valor de las pólizas. Al preguntar a los intermediarios, descubren que el aumento de precio estaba justificado por eventos específicos registrados por el sistema del vehículo en fechas exactas.
Los fabricantes se defienden alegando que compartir es legal y está autorizado en el momento de la compra. El problema es que este consentimiento suele quedar oculto en la letra pequeña de decenas de páginas de términos de servicio, acuerdos de financiación o en la activación de las aplicaciones móviles de la marca.
La situación se agrava porque, en el extranjero, los fabricantes de automóviles suelen incluir cláusulas de arbitraje forzado, que impiden a los consumidores presentar demandas comunes para impugnar el uso comercial de su información privada.
Aunque la industria sostiene que la telemetría continua es esencial para diagnosticar fallos mecánicos y mejorar las características de seguridad vial, la venta depredadora de estos informes a las aseguradoras se consolida ahora como el debate ético más grande y complejo de la nueva era de los coches conectados.