Los expertos señalan en un informe que la protección del vehículo va más allá de los accidentes graves y ayuda a reducir gastos inesperados
La mayoría de los vehículos en Brasil siguen circulando sin seguro. Según la Confederación Nacional de Aseguradoras (CNseg), solo el 30% de la flota tiene una póliza, dejando a unos siete de cada diez coches expuestos a pérdidas por accidentes, robos, hurtos y fenómenos meteorológicos.
Para los expertos de Yelum, del Grupo IDH, la baja adhesión está relacionada con la falta de información. “Muchos conductores asocian el seguro solo con situaciones extremas, pero eventos imprevistos comunes, como avería o daños menores, también generan costes relevantes”, dice Carla Oliveira, directora de Producto de Automovilismo.
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Entre los mitos más comunes está la idea de que el seguro solo es adecuado para coches nuevos o conductores inexpertos. En la práctica, los vehículos usados también pueden generar gastos elevados, y riesgos como fallos mecánicos, acciones de terceros o inundaciones son independientes del perfil del conductor.
Además, el seguro no se limita a accidentes graves. Muchas pólizas incluyen asistencia para situaciones cotidianas, como remolque, cambio de neumáticos y fallos eléctricos.
Con el aumento del coste de las piezas y el mantenimiento, los expertos señalan que la protección también actúa como herramienta de planificación financiera, reduciendo el impacto de gastos imprevistos y cubriendo daños a terceros.