La paridad de precios con los vehículos de combustión y la tecnología embebida acelera la "invasión" asiática, superando a las marcas tradicionales
Impulsados por las barreras comerciales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, los fabricantes chinos han elegido a Brasil como mercado prioritario y se espera que dupliquen su presencia en el país en los próximos años. Según un estudio de Bright Consulting, encargado por Abeifa (Asociación Brasileña de Importadores y Fabricantes de Vehículos Automovilísticos), la cuota de estas marcas en las ventas nacionales debería saltar del actual 10% al 18% para 2030.
Aunque el mercado sigue liderado por gigantes tradicionales como Stellantis y Volkswagen, el avance asiático es constante. En 2025, los miembros de Abeifa vendieron alrededor de 137.000 vehículos. El volumen representa un crecimiento significativo respecto al año anterior, respaldado por la demanda de modelos electrificados.
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Para Murilo Briganti, analista de Bright Consulting, China ha pasado de ser una tendencia de nicho a convertirse en un «actor sistémico». A nivel mundial, el país ya representa el 25% de las ventas de automóviles. En América Latina, este dominio es aún mayor en mercados sin una industria local fuerte, como Perú, donde la cuota china alcanza el 33%.
Dos factores económicos explican esta proyección para Brasil. La primera es la viabilidad técnica: a finales de 2025 a 2026, el coste de las baterías superó la barrera simbólica de 100 dólares por kWh, lo que permitió precios más competitivos en comparación con los coches de combustión. La segunda es la percepción del valor. Según Marcelo de Godoy, presidente de Abeifa, la devaluación de los vehículos eléctricos de segunda mano ya es igual a la de los vehículos convencionales, reduciendo el temor del consumidor en el momento del intercambio.
A pesar del optimismo a largo plazo, el escenario inmediato para 2026 exige precaución. La entidad advierte que el segmento puramente importado, especialmente los de lujo, podría enfrentarse a estancamiento debido a incertidumbres económicas que llevan a los consumidores de altos ingresos a posponer la renovación de la flota. Por tanto, el crecimiento dependerá cada vez más de la nacionalización de la producción, apoyada por el programa Mover.