El estudio de Anfavea proyecta un escenario crítico si las fábricas brasileñas se limitan a ensamblar kits importados, reduciendo ingresos y tecnología
La Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotrices (Anfavea) emitió una fuerte advertencia sobre los riesgos de ampliar el modelo de ensamblaje de vehículos mediante kits importados (SKD y CKD) en Brasil. Para la entidad, el peligro no reside en el uso transitorio de este régimen, sino en la perpetuación de incentivos fiscales sin el contrapunto del contenido local, lo que podría reducir la complejidad de la industria nacional.
La proyección de la asociación plantea un escenario crítico: si la producción a tiempo completo fuera reemplazada por estas operaciones simplificadas —convirtiendo fábricas en simples ensambladores de piezas extranjeras— el sector podría perder 69.000 empleos directos, equivalente al 75% de la fuerza laboral actual. En la cadena de suministro, el impacto eliminaría otros 227 mil empleos. El estudio también estima un colapso anual de R$ 103.000 millones en las compras nacionales de piezas de automóvil.
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El efecto dominó afectaría a las cuentas públicas, con una previsión de una caída de R$ 26.000 millones en la recaudación de ICMS y PIS/Cofins, además de una retirada de R$ 42.000 millones en exportaciones de vehículos ligeros.
La discusión técnica trata sobre el grado de desmantelamiento. En el régimen SKD (semi-desmontado), el coche llega en grandes módulos preensamblados. En CKD (completamente desmontado), las piezas vienen por separado, requiriendo soldadura y pintura local. La controversia se intensificó después de que el MDIC autorizara a 15 fabricantes de automóviles a importar kits electrificados con un tipo impositivo cero durante seis meses. La lista se beneficia desde marcas tradicionales, como Audi y Toyota, hasta BYD y GWM chinas.
En la práctica, BYD opera bajo el régimen SKD en Bahía como etapa de transición, mientras que GWM mantiene sus actividades en Iracemápolis. Anfavea está presionando para que el beneficio termine en enero, como indicó previamente el gobierno.
Igor Calvet, presidente de la entidad, sostiene que el incentivo prolongado compromete la densidad industrial. «El problema es mantener las prestaciones sin un requisito de valor nacional», dice. La asociación sostiene que la industria instalada, apoyada por R$ 190.000 millones en inversiones recientes (Rota 2030 y programas de Movimiento), corre el riesgo de perder competitividad frente a operaciones de bajo valor añadido que reciben incentivos fiscales.