La crisis golpea el puerto de Dubái, principal centro de distribución de marcas como BYD y Chery; Los desvíos por rutas alternativas incrementan los plazos en 15 días
La escalada de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel ha supuesto una advertencia crítica para la industria automovilística china, interrumpiendo rutas clave de exportación hacia Europa, África y el Golfo Pérsico. El impacto es grave debido al papel central de Dubái como principal “almacén avanzado” para fabricantes como BYD y Chery, que utilizan la región para redistribuir vehículos a nivel global. La ruta de salida del emirato, el Estrecho de Ormuz, está bloqueada por la marina iraní.
La crisis que se agrava ha golpeado el puerto de Jebel Ali en Dubái, el décimo más concurrido del mundo. Los recientes ataques en la zona portuaria han paralizado las operaciones de transbordo, dejando las terminales estratégicas prácticamente inactivas. Ante el escenario de inseguridad, las principales navieras suspendieron los servicios, congelando el flujo de mercancías indefinidamente.
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La relevancia de los Emiratos Árabes Unidos para China es significativa: en 2025, el país recibió 567 mil vehículos chinos, pero la gran mayoría de este volumen estaba destinada a su reexportación a países vecinos y al norte de África. Las inversiones a gran escala, como la terminal de 45.000 metros cuadrados de Chery en colaboración con Cosco, están ahora enfrentándose a una parálisis operativa sin precedentes.

Además de la paralización en mercados directos como Irán, el problema repercute en Europa, destino de 1,3 millones de coches chinos el año pasado. Con el Mar Rojo y el Canal de Suez en alto riesgo, los barcos están siendo desviados a través del Cabo de Buena Esperanza en África. La nueva ruta suma hasta 15 días de tiempo de viaje y aumenta drásticamente los costes de transporte. Se espera que el cuello de botella logístico obligue a una revisión a la baja de los ambiciosos objetivos de exportación de China para 2026.