Empresa Google, presionada para explicar por qué sus coches "autónomos" necesitan operadores al otro lado del mundo para trabajar
La promesa de plena autonomía de los vehículos por parte de Waymo, una filial de Google, chocó con un detalle humano durante una reciente audiencia en el Senado de Estados Unidos. Presionado por preguntas sobre seguridad, el codirector ejecutivo de la compañía, Tekedra Mawakana, admitió que la compañía utiliza equipos de soporte remoto con base en Filipinas para asistir a sus taxis robóticos en situaciones complejas de tráfico.
Esto significa, en la práctica, que personas filipinas conducen el coche —supuestamente autónomo— en ocasiones, conduciéndolo de forma remota en situaciones complejas. La revelación generó incomodidad inmediata en el comité del Congreso, encabezado por el senador republicano Ted Cruz.
El debate central no es solo tecnológico, sino también de soberanía: los legisladores tienen reservas sobre la idea de que los vehículos en las carreteras públicas estadounidenses dependan de infraestructuras y mano de obra que operen al otro lado del Pacífico.
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Para mitigar las críticas, Waymo buscó trazar una línea clara entre “asistencia” y “conducción”. Mawakana enfatizó que los operadores en Manila (y también en Texas y Arizona) no disponen de joystick para controlar coches remotamente en tiempo real. El papel de estos agentes es proporcionar orientación de alto nivel — como confirmar que es seguro superar un obstáculo o interpretar un cartel de construcción — cuando el software de inteligencia artificial está en duda.
Según el ejecutivo, el coche hace la pregunta, el humano responde y el sistema a bordo realiza la maniobra. Esta distinción es crucial para la empresa, que intenta evitar clasificar sus vehículos como meramente “guiados a distancia”, lo que invalidaría el argumento de la autonomía del vehículo.
Sin embargo, el escrutinio del Senado fue más allá de la operación remota. La audiencia se dirigió a la cadena de suministro de Waymo, específicamente a la colaboración con el fabricante chino Zeekr (del grupo Geely) para el desarrollo del modelo Waymo Ojai. En un momento de tensión comercial entre Washington y Pekín, el uso de material chino en infraestructuras críticas estadounidenses es un punto delicado.
Waymo se defendió afirmando que, aunque la “carcasa” del vehículo se fabrica en China, todo el sistema de conducción autónoma — sensores, software y computación — está desarrollado e integrado en Estados Unidos. El argumento intenta proteger a la empresa de futuras sanciones o prohibiciones sobre la importación de tecnología china, un tema recurrente en la agenda legislativa actual.
El rigor del Senado no es gratuito: la industria autónoma se enfrenta a una crisis de confianza tras incidentes recientes, incluyendo atropellos y bloqueos de carretera por fallos de software.