La marca estadounidense reunió a antiguos empleados de Tesla, Apple, Fórmula 1 y más para crear pickups asequibles y revolucionar la producción
Ford está preparando el lanzamiento de una camioneta eléctrica compacta con un precio inicial de 30 mil dólares estadounidenses (unos R$ 180 mil). El objetivo del fabricante estadounidense es claro: competir directamente con las marcas chinas, que hoy lideran la industria combinando tecnología avanzada y costes agresivos.
La carta ganadora del proyecto radica en el desarrollo de lo que la marca promete ser el motor eléctrico más barato del mundo, con costes de producción inferiores a los practicados en China. Para hacer posible esta hazaña, Ford creó un equipo especializado en California —internamente denominado «Skunkworks»— con unos 500 ingenieros de empresas como Tesla, Rivian, Apple y la propia Fórmula 1.
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La estrategia va más allá del motor. El nuevo vehículo, que será similar en tamaño al Maverick, utilizará baterías de fosfato de hierro litio (LFP) más económicas y ofrecerá opciones de tracción posterior o tracción total con diferentes capacidades de autonomía.
Para alcanzar el precio de 30.000 dólares, la ingeniería se simplificó drásticamente. El proyecto prevé el uso de un 25% menos de sujetadores (tornillos y pinzas) en comparación con el SUV Mustang Mach-E. Además, los arneses de cables han sido optimizados: son 1,2 km más cortos y 10 kg más ligeros que el estándar actual de la marca.

Incluso posicionada como un producto de entrada centrado en el coste, la pickup debería presentar un avanzado sistema de conducción autónoma, que permita al conductor apartar la vista de la carretera en tramos de autopista. La producción, prevista para la planta de Louisville, también experimentará una revolución: el área de ensamblaje será un 30% menor y el número de estaciones de trabajo se reducirá en un 40%, eliminando pasos redundantes.
Apostando por un vehículo utilitario en torno a los 30.000 dólares, Ford intenta revertir la lógica actual del mercado, donde los vehículos eléctricos se ven mayormente como bienes de lujo. La intención es retomar el carácter de «herramienta de trabajo» de los vehículos de la marca. Si tiene éxito, la nueva arquitectura de bajo coste servirá de base para futuros modelos, asegurando la supervivencia del fabricante en la guerra de precios global.
