Según el Financial Times, el fabricante estadounidense sondeó a empresas chinas para buscar alianzas que compensaran una brecha tecnológica; Washington reacciona con preocupación
La industria automovilística estadounidense se vio sacudida esta semana por revelaciones entre bastidores relacionadas con fabricantes asiáticos. Según el periódico británico Financial Times, Ford ha mantenido conversaciones preliminares con los gigantes chinos Xiaomi y BYD. La agenda de las reuniones implicaba una posible asociación estratégica para la producción de vehículos eléctricos dentro de Estados Unidos, en una maniobra que ayudaría a Ford a cubrir su déficit tecnológico y de costes.
Aunque las negociaciones se describieron como iniciales, la mera posibilidad de una empresa conjunta —similar a lo que Ford intentó hacer con el fabricante de baterías CATL— generó una reacción inmediata en Washington (DC).
VÉASE TAMBIÉN:
Públicamente, la respuesta fue directa. Ford calificó el informe de “completamente falso”, negando cualquier plan de incorporar marcas chinas a sus líneas de montaje. Xiaomi reforzó el estribillo, afirmando que no tiene planes de entrar en el mercado estadounidense, mientras que BYD ha optado por guardar silencio. Sin embargo, el contexto juega en contra de lo negativo: el propio CEO de Ford, Jim Farley, ya ha admitido haber importado un Xiaomi SU7 para uso personal, elogiando públicamente la ingeniería del rival, que él califica de “amenaza existencial”.
La vulnerabilidad de Ford es real. El fabricante ha descontinuado modelos de volumen como el Escape y el Edge y se enfrenta a un déficit de producto hasta 2027, cuando deberían llegar sus nuevos eléctricos de bajo coste. Una alianza con los chinos sería un atajo tentador para cubrir ese vacío.
El rumor reavivó el debate sobre la seguridad nacional. John Moolenaar, republicano que preside el comité de China de la Cámara de Representantes, advirtió que un acuerdo así profundizaría la dependencia de Estados Unidos respecto a Pekín, creando un “efecto dominó” en el sector. La situación es compleja: aunque existen aranceles del 100 % sobre las importaciones procedentes de China, el presidente Donald Trump señaló recientemente que está abierto a fábricas chinas en suelo estadounidense siempre que generen empleos locales — una laguna legal que Ford podría estar intentando explotar.