El fabricante cancela el SUV de siete plazas y pospone la recogida, pero asegura que el cambio es un ajuste de ruta, no rendirse
Ford ha rechazado rotundamente la idea de que fuera a retractarse de sus planes de electrificación, incluso después de anunciar una deducción de 1.450 millones de libras en su división de vehículos eléctricos. La pérdida está principalmente relacionada con la cancelación de su futuro SUV eléctrico de siete plazas y el aplazamiento de otros proyectos estratégicos.
La decisión refleja un ajuste de rumbo frente a un mercado que creció a un ritmo más lento de lo esperado. Marin Gjaja, director de operaciones de la división eléctrica de la marca, afirmó que la empresa no está «retrocediendo», sino que está ajustando el ritmo y el enfoque de los productos. La nueva directriz prioriza el desarrollo de modelos híbridos —que ofrecen márgenes de beneficio más seguros a corto plazo— y una nueva plataforma para vehículos eléctricos compactos y asequibles.
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La cancelación del gran SUV, que competiría en un segmento de alto coste, señala la preocupación del fabricante por la competencia china, que ha dominado la tecnología de baterías y ha hecho bajar los precios globales. Para hacer frente a este escenario, Ford ha movilizado un equipo dedicado en California, centrado exclusivamente en crear vehículos eléctricos de bajo coste y alta eficiencia, previsto para 2027.
Además del impacto financiero inmediato, el cambio de estrategia pospuso el lanzamiento de la nueva generación de camionetas eléctricas de la marca. El objetivo es evitar la saturación de un mercado donde los consumidores aún muestran resistencia a precios elevados y a infraestructuras de carga, optando por la transición a modelos híbridos.
Según el fabricante, el actual «dolor financiero» es necesario para garantizar la sostenibilidad a largo plazo del negocio, evitando la producción de vehículos que no aportarían un retorno financiero dentro de la nueva realidad de precios de la industria automovilística global.