12Cilindri desafía las estrictas normas de Maranello con pintura de 13 capas y un interior de crin de caballo
Históricamente conocida por su control estricto sobre la estética de sus coches —incluso vetando a los clientes que modifican la identidad visual de la marca—, Ferrari ha hecho una excepción poco común. El fabricante italiano presentó una unidad exclusiva del 12Cilindri, que desafía sus directrices tradicionales al incorporar elementos de personalización sin precedentes.
Desarrollado durante casi dos años por el departamento Tailor Made en colaboración con la oficina creativa de la marca y artistas asiáticos, el proyecto destaca por hacer que las normas de diseño sean más flexibles. El ejemplo más destacado está en las ruedas: por primera vez en un modelo oficial, Ferrari autorizó el uso de pinzas de freno en blanco, un tono generalmente restringido para preservar la imagen deportiva clásica asociada al rojo o amarillo.
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La “infracción del protocolo” se extiende al interior, donde las levas de cambio también han recibido un acabado blanco, algo poco habitual en la gama estándar.
Nombrado con el color exclusivo Yoonseul, el coche luce una pintura iridiscente de 13 capas. El tono predominante es el verde, inspirado en la cerámica tradicional coreana Celadon, pero reacciona a la luz revelando reflejos violetas y azulados. El nombre hace referencia al término coreano para el resplandor de la luz solar reflejada en las ondas del agua.












La cabina refuerza el carácter de una “galería de arte” sobre ruedas. La artista Dahye Jeong creó una tela 3D única para los asientos y el techo, mientras que el salpicadero incorpora crina de caballo tejida a mano. El túnel central, desarrollado por Hyunhee Kim, utiliza acabados translúcidos que escapan a la fibra de carbono convencional.
Mecánicamente, el coche conserva el V12 de 6,5 litros, pero incluso el motor se ha convertido en arte visual: una inscripción en el capó, creada por el dúo GRAYCODE y jiiiiin, representa las ondas sonoras del motor. El valor del modelo supera con creces el precio base de 464 mil dólares estadounidenses (unos 2,7 millones de R$), sirviendo como muestra del potencial de personalización extrema —y rentable— que Ferrari busca explorar.