Mientras que los fabricantes europeos sufren por los altos costes, los chinos dominan el mercado con tecnología barata y producción rápida
La industria automovilística europea está dos décadas por detrás de China en el desarrollo de baterías, el componente más crítico y caro de los vehículos eléctricos. La advertencia viene de Ferdinand Dudenhöffer, director del Centro de Investigación Automotriz de Bochum (Alemania), quien clasifica la distancia técnica entre ambos mercados como un abismo difícil de superar a corto plazo.
En un análisis reproducido por el Global Times, el experto señala que la autonomía industrial de Europa se ha convertido en una ilusión. La proyección es que, para finales de 2025, más del 70% de las baterías equipadas en coches eléctricos vendidos en el continente serán de origen chino. La razón es pragmática: la inviabilidad de competir en precio y escala.
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La ventaja competitiva de China es estructural. Los fabricantes asiáticos pueden producir pilas de baterías a unos costes aproximadamente un 30% inferiores a los europeos, además de operar con ciclos de desarrollo e innovación un 50% más rápidos. Mientras la cadena china avanza, la cadena europea sufre importantes reveses, ilustrados por la reciente bancarrota del Northvolt sueco y la congelación de proyectos por parte del ACC francés — iniciativas que prometían, sin éxito, garantizar la soberanía energética de la región.
El reflejo de esta disparidad se siente en las ventas. En diciembre de 2025, las marcas chinas superaron por primera vez la barrera de 100 mil unidades registradas en Europa en un solo mes, captando el 9,5% del mercado. Gigantes como CATL y BYD no solo exportan, sino que ya han instalado sus fábricas en suelo europeo, consolidando su dominio.
Según el Organismo Internacional de la Energía, China posee el 75% de la capacidad mundial de producción de baterías. Para Dudenhöffer, la única salida para los fabricantes tradicionales europeos, como BMW y Stellantis, es abandonar el proteccionismo y profundizar las alianzas tecnológicas. El escenario sugiere que Europa pasará de ser un centro de liderazgo independiente a convertirse en un centro de desarrollo conjunto, donde la tecnología subyacente inevitablemente será china.