El estudio revela la "mina de oro" de la inspección en Washington, EE. UU.; El Ayuntamiento defiende el sistema alegando la caída de la mortalidad
La inspección electrónica en Washington (EE. UU.) ha alcanzado niveles de recaudación que impresionan incluso a los gestores públicos más experimentados. Un solo radar, estratégicamente situado en la autopista del río Potomac, fue responsable de imponer multas por valor de 9.179.249 dólares (aproximadamente R$ 51,4 millones) durante todo 2023.
Los datos ilustran el peso financiero de la red de monitorización en la capital estadounidense, que hoy opera con 547 dispositivos activos. En total, el sistema generó unos ingresos de 267,3 millones de dólares estadounidenses (unos 1.500 millones de rands) el año pasado.
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La encuesta señala una disparidad curiosa: los ingresos están masivamente concentrados. Solo 10 dispositivos —menos del 2% del equipo instalado total— recaudaron unos 65 millones de dólares. Esto significa que una cuarta parte de las multas totales de la ciudad provienen de una docena de puntos concretos.
Cabe señalar que la tolerancia no es cero: las infracciones de velocidad solo se registran cuando el conductor supera el límite en 11 millas por hora (aproximadamente 18 km/h). Para garantizar el pago, la ciudad endureció las normas en 2024 con la «Ley STEER», que permite demandas civiles contra conductores con grandes deudas acumuladas, incluso si residen en otros estados.
La alcaldesa de la capital de Estados Unidos, Muriel Bowser, defiende el mantenimiento y la expansión de la red, argumentando que el sistema salva vidas. Según datos oficiales, el número de muertes por tráfico cayó a 52 en 2023, el nivel más bajo de los últimos años, aunque ha vuelto a fluctuar.
Sin embargo, los críticos señalan que la negativa de la ciudad a retirar las cámaras —incluso después de que el Departamento de Transporte sugiriera eliminar algunos puntos de velocidad y semáforos— indica una dependencia presupuestaria. Para la oposición, la insistencia en el modelo actual prioriza el equilibrio de cuentas públicas en detrimento de una política real de educación vial.