La empresa presenta la estrategia 2026 centrada en la conducción autónoma y pospone la creación de nuevas fábricas para centrarse en la eficiencia con los modelos existentes
Tesla cerró 2025 con sus indicadores financieros bajo una fuerte presión, reflejando directamente un mercado eléctrico saturado y el fin de las subvenciones gubernamentales. Sin embargo, la narrativa de la crisis fue hábilmente eludida por Elon Musk: incluso con cifras decepcionantes en el retrovisor, la empresa presentó una hoja de ruta agresiva para 2026, centrada en la inteligencia artificial y la automatización, lo que fue suficiente para calmar a los accionistas.
El escenario del último año fiscal fue de clara retractación. Los ingresos anuales cayeron un 3% hasta cerrar en 94.800 millones de dólares, mientras que las entregas de vehículos bajaron a 1,76 millones de unidades. Sin embargo, el golpe más duro llegó en el resultado final del balance: el beneficio neto cayó un 46%, afectado por la retirada del crédito fiscal de 7.500 dólares estadounidenses en Estados Unidos y la guerra de precios en el sector.
VÉASE TAMBIÉN:

A pesar del débil rendimiento financiero, las acciones del fabricante reaccionaron con un aumento de más del 3% en las operaciones de posventa. El optimismo de los inversores está anclado en la promesa de eficiencia de capital (capex). En lugar de invertir miles de millones en construir nuevas gigafábricas ahora, Tesla ha decidido maximizar la capacidad de las líneas de montaje existentes para lanzar sus próximos productos.
El plan para 2026 prevé la implantación de seis nuevas líneas de producción. El enfoque ya no está solo en el coche de pasajeros convencional para abrazar el ecosistema de autonomía: la escala industrial del camión Tesla, el lanzamiento del Cybercab (el taxi robot de la marca) y la evolución del robot humanoide Optimus.