Tras una reacción negativa global, el fabricante abandona el modelo de cobro para calentar a los bancos, pero mantiene la estrategia de software
BMW ha admitido públicamente que la estrategia de cobrar suscripciones mensuales o anuales por la activación de elementos ya instalados en los coches, como los asientos calefactados, fue un error comercial. La iniciativa, implementada en varios mercados globales hace poco más de un año, generó una reacción negativa inmediata e intensa por parte de los consumidores. La principal crítica fue la percepción de injusticia: el cliente sentía que pagaba el doble: primero por el vehículo físico y luego para “desbloquear” un componente que ya estaba instalado en fábrica.
Ante el rechazo y el riesgo para la reputación de la marca, el fabricante alemán confirmó, en la web Drive.au, el abandono de este modelo por componentes estáticos. A partir de ahora, el equipo de confort volverá a venderse exclusivamente como opciones de pago único en el momento de la compra o en la postventa definitiva, sin cargos recurrentes.
VÉASE TAMBIÉN:
A pesar de la retirada táctica en relación con los elementos físicos, BMW no ha abandonado el concepto de “Coche como servicio”. La compañía mantendrá —y tiene la intención de ampliar— el modelo de suscripción a funciones basadas únicamente en software y servicios digitales. La justificación corporativa es que sistemas como el asistente de aparcamiento autónomo y las actualizaciones de tráfico en tiempo real requieren procesamiento continuo de datos y mantenimiento de servidores, lo que legitima la facturación periódica.
Según la dirección de la empresa, la flexibilidad sigue siendo un activo valioso para el consumidor moderno, permitiendo, por ejemplo, activar los sistemas de asistencia a la conducción solo durante vacaciones o viajes largos. Sin embargo, el “caso de los bancos en caliente” sirvió como un limitador claro: la aceptación en el mercado de las microtransacciones termina donde comienza la propiedad física del vehículo.
La decisión de BMW sirve como una llamada de atención para todo el sector premium. Otros fabricantes, como Mercedes-Benz (que cobra una cuota anual para liberar más potencia en sus vehículos eléctricos) y Tesla (con su sistema FSD), continúan probando la tolerancia del consumidor, buscando transformar el coche en una plataforma de ingresos recurrentes, similar a los smartphones.