Los fabricantes justifican la complejidad con la distribución del peso, pero las reparaciones sencillas en los modelos Mercedes y Dodge ahora requieren horas de taller
El ritual de abrir el capó, aflojar dos cables y cambiar la batería del coche en diez minutos se ha convertido en un recuerdo lejano en la industria automovilística moderna. Lo que antes era un mantenimiento básico, accesible para el propio propietario del vehículo en el garaje de casa, ha evolucionado hasta convertirse en una operación compleja que requiere herramientas específicas, horas de mano de obra y, en casos extremos, el desmontaje parcial del interior del coche.
El ejemplo más crítico de esta tendencia se observa en los SUV de lujo de Mercedes-Benz, como las líneas GLE y GLS. En estos vehículos, la batería de 12V no está en la caja fuerte del motor, sino oculta bajo el asiento del conductor. El acceso requiere retirar el asiento, desconectar cableado complejo, levantar la moqueta y desmontar los conductos de ventilación.
El proyecto crea una paradoja de ingeniería: para acceder a los tornillos que liberan el asiento, es necesario moverlo eléctricamente; Si la batería está completamente muerta, el asiento no se mueve, lo que hace que el cambio sea un desafío técnico aún mayor.
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La práctica de asignar la batería fuera de la cámara de motores no es exclusiva de los alemanes, ni es una absoluta novedad. Modelos populares en el mercado de segunda mano, como el Dodge Journey y el Fiat Freemont, colocan la pieza detrás del parachoques, delante de la rueda delantera izquierda. Para realizar el cambio, es necesario levantar el coche, quitar la rueda y quitar el revestimiento del paso de rueda — un proceso laborioso que a menudo resulta en clips de plástico rotos.
Los fabricantes de automóviles defienden estas decisiones con argumentos técnicos. Retirar la batería de la parte delantera libera un espacio valioso para sistemas de control de emisiones y módulos electrónicos, además de ayudar en la distribución del peso y equilibrar la dinámica del vehículo.
Sin embargo, los críticos señalan que la creciente complejidad también ayuda a mantener al conductor alejado del mantenimiento independiente. Al transformar un cambio de consumible en un servicio de gran intensidad, la industria obliga al propietario a recurrir a concesionarios o talleres especializados, haciendo que el vehículo sea más caro de poseer a largo plazo.