Con prótesis de silicona de 2 litros, Ana Paula Oliveira pagó 30 mil rands para ajustar un asiento descapotable Porsche para su cuerpo
La presentadora e influencer Ana Paula Oliveira propuso un debate inusual sobre ergonomía automovilística y cuestiones de género tras gastar más de 30 mil rands en una modificación poco habitual. Propietaria de un Porsche valorado en más de R$ 1 millón, Ana Paula tuvo que personalizar el asiento del conductor para acomodar sus pechos con sus prótesis de silicona, que suman 2.000 ml. Según Oliveira, el episodio muestra que la industria de los superdeportivos diseña vehículos ignorando la anatomía femenina.
A los 50 años, el presentador de la banda informa que la rigidez típica de los asientos de alto rendimiento, diseñados para sujetar la carrocería en curvas a alta velocidad, se ha convertido en un obstáculo. El volumen de las prótesis generaba una proyección involuntaria del tronco hacia adelante, comprometiendo la postura, la seguridad y la comodidad al conducir.
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“Fue entonces cuando entendí que muchos coches deportivos están diseñados para una carrocería masculina. Con mi cuerpo hoy, esa ergonomía simplemente no funcionó”, dijo la influencer. La solución encontrada no fue estética, sino estructural: la renovación del coche mantuvo el cuero y el diseño original del fabricante alemán, pero alteró profundamente la ingeniería interna del asiento.
El proceso de tapicería y personalización implicó ajustes en la densidad de la espuma, la profundidad del respaldo y el reposicionamiento de los puntos de soporte de la columna. El objetivo era crear una cavidad que acomodara el nuevo volumen del pecho sin forzar al conductor contra el volante.
Para Ana Paula, la alta inversión se justifica por la utilidad del coche de lujo. “No fue algo puntual. Me molestaba cada vez que me subía al coche”, explica. La adaptación plantea la cuestión de que, en los vehículos de millonarios, la personalización debe servir al conductor y no requerir que se adapte a la máquina. “Hoy me siento de forma natural. En lugar de que yo intentara adaptarme al coche, fue el coche el que tuvo que adaptarse a mí”, concluye.
