Las investigaciones revelan que el café y las duchas frías no anulan los efectos de la resaca, que afectan a la conducción tanto como un nivel prohibido de alcohol en la sangre
Un informe reciente sobre el programa Today sacó a la luz un debate sobre la seguridad vial que a menudo se pasa por alto: el riesgo de ponerse al volante bajo los efectos de una resaca. La premisa, corroborada por expertos, es que la ausencia de alcohol en la sangre al día siguiente del atracón no garantiza que se recuperen las habilidades psicomotoras del conductor.
Para materializar los efectos físicos de esta condición, el reportaje sometió a la periodista Vicky Nguyen a una prueba práctica de conducir usando un «traje para la resaca». El equipo, desarrollado por el Instituto Meyer-Hentschel en colaboración con Ford, pesa unos 17 kilogramos y está diseñado para sabotear los sentidos del usuario.
El chaleco, las pesas en las muñecas y tobillos, así como las gafas con luces especiales y auriculares, simulan síntomas como fatiga extrema, mareos, dolor de cabeza pulsante e hipersensibilidad sensorial. El resultado práctico fue una conducción errática, con un tiempo de reacción drásticamente reducido.
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El experimento visual refleja datos académicos sólidos: un estudio realizado por la Universidad de Utrecht en los Países Bajos monitorizó a 48 voluntarios y encontró que los conductores de corriente subcorriente tenían un aumento significativo en la oscilación entre carriles y variaciones peligrosas de velocidad. La conclusión de los investigadores es alarmante: el rendimiento de estos conductores —incluso sobrios en la prueba de alcoholímetro— fue comparable al de personas con una concentración de alcohol en sangre entre el 0,05% y el 0,08% (el límite legal en muchos países es del 0,05% o tolerancia cero, como en Brasil).
La condición se agrava por la privación de sueño, un efecto secundario común tras el consumo de bebidas alcohólicas, que perjudica aún más la atención. Expertos en tráfico advierten que las resacas deben tratarse con planificación, desmintiendo mitos populares: el café fuerte, las duchas con hielo o las bebidas energéticas no aceleran el metabolismo del alcohol ni restauran las funciones cognitivas.
Los datos del Departamento de Transporte del Reino Unido refuerzan la gravedad del problema, señalando que el consumo residual de alcohol se asocia a cientos de accidentes anuales. La guía es técnica y directa: ante síntomas como visión borrosa, cansancio excesivo o dolores de cabeza, la única medida segura es no conducir. El cuerpo humano necesita tiempo para recuperarse por completo, y la sensación de sobriedad no siempre corresponde con la aptitud neurológica para hacer frente al tráfico.