La decisión del Tribunal Supremo del Pueblo establece una guía nacional y refuerza que los sistemas de asistencia no sustituyen al conductor
El Tribunal Supremo del Pueblo de China ha establecido que quien esté al volante es legalmente responsable de los accidentes de tráfico que involucren vehículos equipados con sistemas autónomos o de conducción asistida. La directriz, publicada el pasado viernes (13), es válida a nivel nacional y pretende estandarizar la interpretación legal de los tribunales inferiores del país asiático ante la rápida popularización de estas tecnologías.
Según el Tribunal Supremo, los paquetes electrónicos de asistencia al volante no sustituyen al factor humano. El entendimiento consolida la idea de que el conductor sigue siendo el ejecutor de las tareas de movilidad y tiene el deber no negociable de intervenir para garantizar la seguridad vial, incluso cuando el coche funciona bajo automatización avanzada de crucero.
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La jurisprudencia se estableció mediante un “caso estandarizador”, un mecanismo local que guía las futuras sentencias sin crear nuevas leyes formales. El episodio de la base ocurrió en la provincia de Zhejiang: un conductor ebrio activó el sistema autónomo, se trasladó al asiento del pasajero y se quedó dormido. El vehículo fue interceptado detenido en medio de una vía pública, lo que resultó en arresto y multación para el propietario.
Al mismo tiempo, Pekín ha endurecido el lazo regulatorio contra los propios fabricantes de automóviles. A partir del año que viene, se prohibirán los tiradores ocultos de las puertas. La medida de seguridad fue precipitada por una tragedia en Chengdu el pasado octubre, cuando tres estudiantes murieron después de que los rescatadores no pudieran abrir las puertas de un tranvía en llamas debido a una avería en la entrada integrada.
La ofensiva china contrasta con el escenario global. En Estados Unidos, la ausencia de una directriz federal provoca que la responsabilidad varía drásticamente entre las leyes estatales. En Europa, el marco varía de un país a otro, oscilando entre modelos que comparten la culpa o la transfieren completamente a los fabricantes.