El sistema de conducción autónoma cuenta con curvas cerradas y aceleraciones involuntarias, lo que expone la inmadurez de la inteligencia artificial de BYD
BYD se enfrenta a una crisis de confianza en su tecnología de conducción autónoma más avanzada, el sistema “Ojo de Dios”. Los propietarios de vehículos de muy alto lujo, como el vehículo utilitario Yangwang U8 — valorado en alrededor de R$ 840 mil — han reportado sustos reales y graves fallos de software, como aceleraciones fantasma y giros bruscos en la dirección, lo que pone en riesgo la seguridad de los conductores.
En las redes sociales asiáticas, los informes ponen de manifiesto una preocupante desconexión entre el hardware de última generación y la inmadurez de la inteligencia artificial del sistema. Los conductores describen situaciones crónicas de pérdida de control, con vehículos que de repente saltan a 93 km/h en carreteras de baja velocidad. También hay registros frecuentes de avería operativa en peajes y salidas complejas de autopistas, así como maniobras repentinas de dirección que casi provocan colisiones frontales.
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Aunque el “Ojo de Dios” ya funciona en unos 2,5 millones de coches, el fabricante enfrenta un fuerte cuello de botella en el entrenamiento de su inteligencia artificial. Los informes del mercado señalan que BYD recopila menos de la mitad de los datos críticos necesarios para el aprendizaje automático en comparación con los competidores estadounidenses, lo que limita significativamente la precisión del software para predecir y reaccionar a escenarios de tráfico atípicos.
Para intentar democratizar la tecnología, el fabricante de automóviles estructuró la asistencia en tres divisiones de hardware: