Los países del bloque, pensando desde el aspecto económico, veían que el fin del coche de combustión en 2035 causaría más problemas que ventajas
La transición tecnológica siempre ha sido un gran problema. A principios del siglo XIX, cuando la iluminación pública en Río de Janeiro cambió de lámparas de gas a lámparas eléctricas, hubo un gran revuelo.
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La pregunta en ese momento era: ¿estarán desempleados los cientos de empleados que encienden las lámparas de gas? Hoy en día, este tipo de problemas ocurre con el coche eléctrico, ¿tiene éxito o no?
La comunidad europea había fijado 2035 como fecha límite para eliminar de una vez por todas las ventas de coches con motores de combustión. Pero hubo otro revuelo general, ya que los coches eléctricos no eliminan las emisiones de CO2.
Y con eso surgen nuevas preguntas sobre los coches eléctricos: ¿no son aptos para todo tipo de uso? ¿Sigue siendo problemática la producción de baterías? ¿Pierde gran parte de su valor en el mercado de segunda mano? Por lo tanto, los países han retrocedido y ya no hay demanda para el fin de los motores de combustión en 2035.